Pensamientos sobre la educación


Sobre educación

La educación es un tema muy en boga hoy día. Se habla mucho sobre ella, se discute y buscan acuerdos pero lo que más se escuchan son cuestionamientos. Lo que resulta claro es que la educación de los niños y jóvenes está muy discutida. Los padres sienten grandes dudas. ¿Qué hacer? dejarlos en plena libertad para que no se traumen como decía el doctor Spock... indudablemente no. La libertad transformada en libertinaje no educa... Guiarlos con mano dura y férrea estructura... lo que llamamos autoritarismo... tampoco... coarta y no educa...
Si la pedagogía es la que diseña los modos más adecuados de llegar a ser “uno mismo”, significa que debe partir de una concepción de qué es ser hombre. Supone una psicología, una imagen de cuáles son los procesos internos que hacen de un ser humano lo que es. Y la psicología siempre se sustenta en una filosofía, una imagen del ser del hombre, de su misión como tal, de su ser en sí, una ciencia que explicita las respuestas a los grandes interrogantes de la humanidad. Esto es: qué es el hombre, el porqué, el para qué y el fin último de nuestra existencia como humanidad.
La antroposofía, filosofía que sustenta a la Pedagogía Waldorf expone la imagen del hombre conformado por tres aspectos: cuerpo, alma y espíritu.
Vemos ya aquí una distinción notable. Se habla de tres aspectos cuando en general las filosofías de los últimos siglos hablan de la dualidad del hombre. Cuerpo y alma. Desde Descartes a la actualidad. Este dualismo generó las bases del darwinismo social que sustenta la supervivencia del más apto. Es una filosofía que niega espacio al ser espiritual del hombre, a esa necesidad de trascendencia por la cual percibe que “hay algo más allá de la existencia visible”. La educación actual tiene sus raíces en esta filosofía, de allí sus métodos y estrategias.
Retomemos: qué es educar y porqué es necesario hacerlo. El hombre es el único ser que nace indefenso... del cual no podemos decir al momento de su nacimiento qué es lo que será “cuando sea grande”... el resto del mundo natural que nos rodea sí lo sabe. La naturaleza es sabia, posee sabiduría innata. De cada ser podemos afirmar con seguridad qué será cuando crezca... cuál es su fin, su misión, cuáles serán sus acciones. Tanto el animal como el vegetal no poseen cuestiones existenciales. Aunque parezca obvio, esto es muy importante porque nos muestra que una peculiar diferencia posee consecuencias trascendentes. Y lo que esencialmente nos diferencia a los humanos es que poseemos un Yo, un núcleo espiritual que siente el impulso de trascender. Cada uno de nosotros se siente individuo, distinto a los demás de su especie y sin embargo compartimos esencialidades. A partir de este núcleo espiritual es que cabe la palabra educación. Un animal puede adiestrarse pero no educarse.
Steiner habla del “arte de educar”. Educar es un arte. Como tal posee leyes, como tal implica una dedicación a pleno, una entrega a la tarea con todo el propio ser.
¿Qué es un arte? Es difícil definirlo pero podemos intentar una caracterización que nos permita acercarnos a su comprensión. El ejercicio de todo arte implica el conocimiento de sus leyes, en dibujo: qué promueve una recta y qué una curva, cómo influyen sus combinaciones, hay toda una técnica de la composición de líneas, de colores, de formas, de armonías. Cada arte posee este tipo de leyes. Implica una entrega que abarca por igual al sentimiento, al pensamiento y a la voluntad. La entrega del ser a la tarea es total. Todo arte implica la libertad del artista, su creatividad, no hay repetición... si la hay no hay arte. Cada obra es única e irrepetible. En cada una está puesta el alma del artista.
La educación por tanto no puede basarse en recetas. No hay ni debe haber recetas aplicables a cada niño. Cada uno es un ser único e irrepetible con necesidades especiales. Pero qué es lo que me permite educar. Precisamente las leyes del desarrollo del ser. Si las conozco puedo desenvolver mi creatividad encontrando caminos adecuados.
Esto implica que cada acto, cada gesto, cada elemento externo o interno educa.
Lo que nos rodea nos moldea, nos transforma, nos condiciona de tal o cual manera. Por eso el ámbito, sea el aula, la habitación, el hogar influyen en el ser. Y por ello la educación es una misión compartida por la sociedad, la casa y la escuela.
Pensemos que el niño es un ser dúctil, que se transforma paso a paso. Todos sabemos los efectos de la alimentación. Si es insuficiente o no es adecuada el organismo se deteriora y el ser no puede desarrollarse.
Recordemos que el hombre es una unidad donde cuerpo, alma y espíritu actúan simultáneamente, donde se condicionan mutuamente. Cuando estamos contentos tenemos más energía y más vigor. Después de un buen descanso también. Si el niño vive sumergido en un ambiente caótico su alma reflejará con inquietudes estos estímulos del exterior. Si lo que le rodea es un ámbito ruidoso, donde todo se mueve a gran velocidad, donde todo cambia, su alma reflejará esa inquietud. Si su día está plagado de actividades y no tiene tiempo para aburrirse... no necesitará desarrollar su imaginación ni ser creativo. No va a tener tiempo para ello.
Si sus juguetes son todos terminados y perfectos no necesitará de su imaginación para completar lo que falta. La imaginación quedará guardada en un cajón porque no será necesaria. Si su tiempo está dividido entre la televisión y los juegos electrónicos no tendrá necesidad de desarrollar su ingenio... y lo perderá... perderá la capacidad de ser ingenioso. Lo que no se desarrolla se pierde.
La educación debe ser guiar... pero qué y para qué. Desde la pedagogía Waldorf, ella  debe dar al ser las herramientas que necesita para llegar a ser sí mismo. Debe ayudar al desarrollo pleno de todas las capacidades. Nuestro cuerpo físico, nuestro pensar, nuestro sentir, nuestra percepción, representación y memoria, todas y cada una de ellas deben ser desarrolladas a pleno para que el Yo, el núcleo espiritual del hombre pueda desplegarse, desenvolverse en libertad. Es necesario conocer a fondo las etapas evolutivas para saber qué se desarrolla en qué momento... y hacerlo... porque cuando el fruto ha madurado es tarde para alimentarlo.... eso debe hacerse mientras está en desarrollo.
Un ejemplo es el cultivo de la imaginación. Es durante los primeros años, es decir la infancia, donde estas fuerzas están presentes para ser desarrolladas... observemos el juego de un niño... en él prima la imaginación... Y veamos cuán importante es para el hombre poseer una imaginación rica y cultivada.
 Recordemos la anécdota de Albert Einstein, él sólo contaba con dieciseis años cuando su imaginación se unió a su capacidad intelectual para elaborar una teoría que revolucionó a la humanidad. Y recordemos también que esta experiencia personal lo llevó a decir:
“La imaginación es más importante que el conocimiento”.
La imaginación no encuentra ataduras si la soltamos en aras de crear mucho con poco.
El ingenio se agudiza y la alegría del objeto creado por las propias manos depara una satisfacción infinita.
Una de las formas de cultivo de la imaginación es a través de la palabra. Pintando cuadros vivos y plagados de imágenes... los cuentos... los relatos, las caracterizaciones, las descripciones. El niño no debe recibir definiciones, ellas son estructuras fijas y cerradas. Sobre ellas no se puede construir, no se les puede agregar nada. Ya está, algo es... y ya está. Pero si en lugar de definir describo permito que cada uno elabore las imágenes en su interior. Permito que el conocimiento sobre algo vaya creciendo y transformándose, sea vivo y móvil.
Otra forma es la de presentarle juguetes simples, elementos con los cuales pueda ser el constructor de sus propios juguetes. Llevarlo al hacer... ponerlo en acción para que sea hábil, dueño de sus propias herramientas.
El cultivo de los sentidos y de la imaginación debe acompañarse del cultivo de la voluntad. Y ésta es fundamental para que el ser sea dueño de sí mismo y de sus actos. Un mundo lleno de ideas y falto de acciones es el que hoy vivimos. Las grandes ideas pocas veces logran ser plasmadas en actos porque falta la voluntad para hacerlo. La vida escolar se ha transformado para los niños en un “hacer pasivo”, allí suelen más receptores que actores. Esto sólo permite la incorporación de contenidos que pasan a ser “informaciones” pronto olvidadas. No se transforman en bagaje propio, en adquisiciones que modelen o transformen al ser, que cultiven o desarrollen alguna capacidad.
 Max Stirner señala que “el saber debe volverse impulso, la escuela tal como existe, sólo garantiza la transmisión de un saber carente de voluntad”, y en tanto sea así el ser no puede ser libre, porque sólo por el ejercicio de su voluntad puede llegar a acciones guiadas desde su interior.
El hacer debe ocupar un lugar de privilegio dentro de la vida del niño sea en la escuela o en la casa. Hoy por hoy, las ofertas que reciben son de mera incorporación pasiva.
Para Unamuno, “el peligro de la pedagogía es el cansancio”, y agrega, “hay una fatiga espiritual ¡Pobres críos! He conocido a niños inteligentísimos hasta los siete años. A partir de esa edad, la inteligencia se detuvo... Ese cansancio se debe a la educación, a la pedagogía. Hay dos cosas que no puedo aguantar: la pedagogía y la sociología. En el lugar de la primera hay que poner el arte, y en el de la segunda la historia”.
En la mayoría de las escuelas las estrategias se basan en un desarrollo unilateral del pensar donde hay poco espacio para el desarrollo de la imaginación o del hacer. Pero el hombre no es tal sin un uso total y a pleno de sus capacidades motrices o de su imaginación. Toda idea nueva u original requiere de una dosis de imaginación…. “aquello que a nadie se le ocurrió” y necesita ser puesta en el mundo para comprobar si es o no una “buena idea”. Así vemos cómo es imprescindible el cultivo y desarrollo de todas las capacidades en aquellos años que la vida ha destinado para ello. La unilateralidad actual es madre de tantas ideas y tan pocas acciones.
Pensemos que para que algo se aprenda, ese algo debe despertar, suscitar sentimientos en nosotros. Sabemos que el interés es fundamental, se habla mucho sobre la necesidad del entusiasmo o de la motivación. Pero aquí surge algo que no se tiene en cuenta a la hora de diseñar estrategias. El interés es un sentimiento y necesita de un proceso para desarrollarse, cuando hablamos de proceso estamos hablando de tiempo. Si los contenidos cambian de hora en hora, lo cual sucede habitualmente en las escuelas, el interés no puede mantenerse. Tampoco pueden tenerse demasiados intereses. Demasiadas ofertas no contribuyen a despertar y mantener el interés.
“Aprendemos a hacer algo haciéndolo. No existe otra manera”
John Holt dijo:
“El niño  es en esencia un ser constructor que necesita hacer y crear”.
 Observemos esa naturaleza lúdica del niño... y qué es el juego sino un continuo hacer, probar, comprobar, crear, recrear, construir, destruir, y volver a construir.
En general, el  niño primero se hace una idea de lo que quiere hacer...y  luego busca los elementos que le servirán para lograr su objetivo... Esto es válido tanto en el juego como en los procesos de adquisición de conocimientos. Por eso presentarle el desafío de algo que deberá construir o hacer y darle los elementos resulta un buen camino. En la medida que enfrente problemas será él quien pida la ayuda del adulto, y a partir de los consejos que reciba irá descubriendo verdades que incorporará como conocimiento propio.
Lo que el niño realmente asimila es aquello que puede vivir, que le ha llegado a través de sus sentidos, de sus sentimientos y de su hacer. Lo que le provoque emociones, vivencias quedará guardado en su memoria. Formará parte de un bagaje con el cual podrá contar cuando lo necesite.
Cada ser percibe y asimila el entorno de manera diferente. Puede afirmarse que cada uno piensa, siente y actúa de manera particular y propia. Sabemos que existen diversas formas de inteligencia. También existen diversas formas de sentir y de actuar. Por eso las estrategias deben apelar no sólo a los procesos del pensar, deben dar albergue al sentir, a las vivencias y emociones y deben albergar a la voluntad, puesta de manifiesto en la acción. Esta forma de trabajo permite despertar el entusiasmo de cada uno a su tiempo y a su modo. Permite sostener el interés y lograr que resulte productivo.
Guiar y facilitar el desarrollo del niño significa en este caso dar el alimento adecuado a cada uno de estos aspectos. Promover un desarrollo sano del cuerpo, un desenvolvimiento rico de su vida anímica, de sus sentimientos y emociones, y sembrar la necesidad de un crecimiento trascendente.
El hombre es un ser trascendente. Tiene en sí la chispa de una búsqueda de respuestas a inquietudes muy profundas. Se plantea preguntas y cuestiona los fines de su propia existencia y el universo. Quiere ver más allá y saber. Esa ansia de saber es algo que lo ha caracterizado desde los tiempos más remotos de la antigüedad y forma parte de uno de los motores por los cuales la humanidad ha evolucionado. Mira el cielo y los quiere trascender: ¿Qué hay más allá?
Kranich: La sociedad es expresión de los hombres que en ella trabajan y actúan, y será tanto más perfecta, es decir, tanto más humana, cuanto más seres humanos con una formación profunda de sus potencias intelectuales y psíquicas, con una firme postura crítica ante la vida y con responsabilidad social operen en ella. Toda escuela que trabaje basada en las condiciones de tal enseñanza asume su cometido social en el sentido de la Pedagogía Waldorf.